Preámbulo
Después de ver la pésima remake de “The Wicker Man” (¡¡¿¡¿Por qué Lilly, por qué aceptaste un rol en ese desastre?!?!!) pienso mejor de este viejo film, hasta me parece simpático.

Durante los créditos nos encontramos con Richard Kiel, quien antes de trabajar como malo en las películas Bond, andaba disfrazándose de monstruo espacial, tal parece.
El resto del elenco no dispara ningún alerta en este redactor, lo cual no quiere decir nada, más que referir al bajo nivel de conocimientos del que escribe.
Largamos!
Bien comencemos: ante todo estamos en la era atómica y en los albores de la espacial y por si nos quedan dudas de ellos la producción nos muestra algunas tomas de footage, de explosiones, aparatos electrónicos y el espacio “sideral”.



El espacio es un terreno a explorar, vasto, lleno de aventuras (y bodrios), está película se situa en el añó “futuro cercano que pensamos que llegará prontito” donde ya el hombre cuenta con al menos una base en la luna, que parece haber sido fabricada por el equipo de Joe 90, influencia que aparece también en el actuar marionetesco de algunos actores durante la película.
Otra vez, empezamos in media res, esta vez en medio del espacio, con un cohete que, atraído gravitacionalmente por un misterioso cuerpo que aparece de pronto de la nada, termina estrellándose contra el mismo, tras lo cual el misterioso cuerpo desaparece nuevamente de los radares y de la vista.
Cabe destacar el despliegue de artefactos de alta tecnología que veremos en las naves. Como estamos en la era del rotulador a disco (¿cómo se llamaba?), alguien se esmero en aclarar para que servía cada cosa.


Capítulo aparte merece la abuela de la bitácora de vuelo del capitán Kirk, presente en esta peli bajo la forma de un datasette a dos velocidades, y de los que por lo que veo en la imagen al escribir esto, había dos. En ella van grabando sus desgracias y peripecias al mejor estilo de cruza entre caja negra, bitacora de Star Trek, grabadora a cinta descubierta y cartridge de stereo de autos de los sesentas.
Chapman, el Hombre Aventuras
Volviéndo a la trama: con una nave perdida el comandante lunar (naturalmente es el ejercito quien tiene a su cargo la base lunar) recibe la orden de enviar a su mejor hombre: Chapman a ver de que trata todo eso. Chapman es una especie de eslabón perdido entre los Flash Gordons antiguo y moderno, con una pizca de la ductilidad actoral de Kirk.
No habiendo nada mejor que hacer nuestro héroe parte raudo rumbo a donde se recibió la última señal de la nave perdida.

Una serie de maniobras acrobáticas

Chapman y su coequiper, Bobby el Prescindible, parten rumbo al último lugar donde se detecto a la nave desaparecida. Llegando a la zona tras algunas horas de viaje intrascendente, deben esquivar una “tormenta de meteoros” aparecida de la nada, haciendo gala del manejo de la nave en una especie de predecesor del Asteroids, pero sin el practiquisimo laser del jueguito.
El paseo espacial
La tormenta no fue gratuita para nuestros héroes y si bien escapan, la nave sufre un grave daño en el rotoplasmo de carnapio y enfriamiento por lo que es necesario realizar: UNA CAMINATA ESPACIAL para repararla!!! Nuestros amigos se aventuran en una serie de torpes movimientos, más cercanos a un simio borracho en Nuevo Orleans que a la falta de gravedad, sobre el ala (en realidad el bordecito peligroso) de la nave. Eso si, sin soga ni nada, porque eso es para cobardes.
Armados de la herramienta que no debe faltar en el bolsillo de todo astronauta: una llave de tuercas, abren la compuerta por donde se escapaba el oxígeno o algo que ya no recuerdo.
En medio de las arduas reparaciones, que se reducen a darle un par de vueltas de tuerca a una parte que no parece tener conexión alguna con el escape, son alcanzados por una tormenta de pequeños fragmentos de meteoro. Uno de ellos impacta a Chapman quien es auxiliado por el prescinsible colega hasta la escotilla.

El momento de la película: Muerte en el espacio
Y para mostrarnos que Kubrik “no esiste”, llegamos a uno de los climax de la película: Al ingresar a Chapman a la nave, nuestro efímero coequiper, es alcanzado por un de estos “meteoros” que no sólo le rompe el caño de oxígeno de su tanque, sino que lo expele al espacio lejos de la nave, donde sabiéndose pronto a morir, se pone a rezar (más allá de lo humorístico anterior, es una buena escena para la época).
La llegada y como reducir el stress
Sin entrar en detalles, la nave de Chapman, es atraída al cuerpo extraño del principio pero no se estrola, porque un campo de energía lo hace descender “de coté”.
A partir de aquí es como si el guionista hubiese dicho: “Listo, eso sería todo”, y como no alcanzaba más que para 30 minutos de peli, pusieron a otro a pensar bajo los efluvios de una Absenta o similar, porque la cosa se complica.
Chapman “desciende” (a lo Kirk) y tras el porrazo, se reduce al mejor estilo Gulliver, a un tamaño de guante, por así decirlo. Es capturado por otros seres humanoides (tan humanos como la falta de presupuesto pa disfrazarlos) y es conducido ante los lideres. Allí es juzgado por invadir el “planeta” y es hallado culpable, tras lo cual es liberado (al mejor estilo justicia moderna)
Tocando el Theremin
De a poco y cuadrilátero amoroso mediante, nos enteramos que es un planeta móvil (como un planeta rodante) que anda por el espacio, escapando de sus mortales enemigos los Solaritas, peleándo con el uso de su poderoso manejo de la energía gravitatoria (!?!!?!) y tripulando el planeta, todo mediante el uso de unas consolas de control más cercanas a un Theremin que otra cosa.
Los Solaritas y sus locas máquinas voladoras
Los Solaritas son una especie de Richard Kiel disfrazado de Solarita (el monstruo estaba bien logrado hasta llegar a la cara). Aparentemente son seres de fuego provenientes de un sol, que hostigan a los del planeta volador por alguna rivalidad ancestral.
Los ataques se producen mediante el uso de insolitas naves de fuego, tripuladas por los solaritas. No parecen ser muy precisos en sus ataques, ni en sus estrategias. De hecho nos enteramos que han capturado un Solarita y lo tienen encerrado tras un campo gravitacional (por supuesto).
Amor y peligro

En medio de todo esto hay tiempo para el amor y el consabido: ella ama a él, él ama a otra que es amada por otro a quien no sabe ella si ama o no. Resultado final: duelo a muerte por la joven (que consiste en empujar al otro mediante un palo hacia un cuadrado de desintegración. La lucha termina bien, porque Chapman es un grosso y le perdona la vida y es más, al final le gusta la otra (que aunque no muy develador es mudita). Resultado: todos amigos!
Loco suelto
En medio de estos devenires y de un ataque de los Solaritas un rayo libera al Solarita preso, y permite que Kiel haga algunos desmanes inocuos, para finalmente: devolverle la voz a la muda y terminar siendo despachado por Chapman en un cubo de desintegración. Eso si: cero gore, para alegría de los cultores del género de ficción para todo público.
La despedida

Si bien el duelo entre Chapman y el celoso novio lugareño terminó, el tipo lo quiere fuera del planetoide (este planetoide no es lo suficientemente grande para los dos) cuanto antes, con lo cual le arma toda la estrategia de salida. Es tiempo de decirle adios a la exmuda, quien le regala a Chapman una piedra (no hay un soto para regalar en ese planeta) para que la recuerde (de todos modos HAY BESO!). Entre pitos y flautas se va con la ayuda del rayo gravitatorio y es rescatado inconciente por otra nave de la base lunar.
No lo soñeeee…!

Quienes lo rescatan le dicen a Chapman que lo encontraron desmayado en su nave en el medio de la nada, con lo que el tipo queda pensativo y recordando a los Redonditos piensa si lo soño o no. PERO…PERO…he aquí que tiene en su bolsilo: LA PIEDRECITAAAAAAAAA!!! ESTÁ BIENNN!!! Cerramos con un El Comienzo en lugar de El Fin (;-))



Epílogo
La película se deja ver, tiene partes interesantes y momentos de lugares comunes y falta de presupuesto, pero dentro del género es aceptable y podría ser ideal para ver en el autocine en los sesentas con un paqueton de pochoclo o en casa en una tarde de lluvia. El acierto de la película: el desenlace fatal de la caminata espacial. El desacierto: demasiado embolante la vida en el planetoide y el Solarita suelto, es más tarambanda que araña sin patas. Pero nuevamente vale pegarle una mirada.







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